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Acepta tu resignación

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El título del artículo de esta semana es un claro ejemplo de oxímoron (dos palabras contrapuestas que, combinadas, generan un nuevo sentido).

Sería algo así como hablar de un “muerto viviente”, de una “calma tensa” o de un “secreto a voces”.

Aceptar la resignación… ¿es eso posible? De entrada, ¿qué tal si definimos ambos conceptos para arrojar algo de luz sobre este claroscuro? (“Claroscuro es otro oxímoron, por cierto).

Muchas personas viven en una absoluta resignación, impuesta por la religión católica, entre otros. Se supone que debemos resignarnos a que las cosas son como son, porque después de muertos iremos al cielo (siempre que hayamos sido buenos y no hayamos dado mucha guerra a los que mandan).

La resignación propone que nos quedemos como estamos, aunque no seamos felices con ello. Ya llegarán tiempos mejores, pues Dios aprieta, pero no ahoga.

La palabra resignación significa “acción de devolver un cargo, entregar un signo de poder”. Me recuerda a aquella oración que tanto se reza en las iglesias y que dice: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”.

Así, me resigno a saberme indigno, mientras que el Todopoderoso, que es omnipotente, puede sanarme con tan sólo una palabra.

Resignación implica conformismo. “Esto es lo que hay” es su mejor expresión. Defiende el “statu quo”, lo cual viene muy bien a quienes tienen el poder, que nunca somos nosotros mismos.

La resignación, en definitiva, es la que nos lleva a sobrevivir, a dejar de soñar, a no atrevernos a ir por lo que realmente queremos… porque eso implica ser ambicioso y algunas personas se han encargado de confundir ambición con avaricia de una manera muy sutil e inteligente.

¿Qué es en cambio la aceptación? Es la no resistencia, la flexibilidad, el simple y complicado hecho al mismo tiempo de observar la realidad tal como es. Implica dejar de pelear, lo cual, por cierto, nos lleva a dejar de sufrir.

Los hechos son neutros. Somos nosotros quienes les damos la valoración de positivos o negativos. Cuando aceptamos la realidad que sucede, dejamos de resistirnos a ella y dejamos de sufrir por si se parece más o menos a lo que nos gustaría que sucediera.

¿Eso implica conformarse con lo que hay, aceptar que las cosas son así y punto? ¡En absoluto! Es justo al revés: en el momento en que acepto que las cosas son como son, puedo dejar de gastar energía en negar la realidad y puedo preguntarme qué puedo yo hacer frente a ese hecho.

Te pondré un ejemplo muy habitual y que he visto en muchos de mis clientes de coaching: el sobrepeso.

Tener unos kilos de más no es ni bueno ni malo; es neutro. Si lo miramos desde un punto de vista de la salud, es mejor no tenerlos, claro está. Pero nuevamente eso no es bueno ni malo; sólo que cada hecho tiene sus consecuencias y sus precios a pagar. Y si tienes mucho sobrepeso eres más propenso a tener ciertas enfermedades o dolencias.

Pero vamos a concretar el ejemplo: el caso es que Paco tiene unos kilos de más. No le gusta tenerlos y se siente mal por ello. Le fastidia mirarse en el espejo porque no le gusta lo que ve. De hecho, intenta mirarse lo mínimo indispensable.

Ha probado múltiples dietas y, aunque algunas veces ha conseguido adelgazar un poco, luego siempre ha recuperado el peso perdido. Así que ya ha asumido que es una batalla perdida, que siempre tendrá sobrepeso, y ha terminado por comer lo que le apetece, a pesar de no ser lo más saludable para él.

Básicamente, se ha resignado. No es feliz con la situación, pero cree que no puede hacer nada para salir de ella. Ha tirado la toalla, como el elefante que sigue atado por una simple cuerda a un taburete (ejemplo del famoso Síndrome de Indefensión Aprendida que explicó Jorge Bucay en su obra El elefante encadenado).

¿Qué sucedería si Paco aceptara que no tiene el físico que le gustaría tener? En primer lugar, podría mirarse al espejo y decirse a sí mismo: “Ok, Paco. Esto es lo que hay. Tienes un sobrepeso de X kilos. No hay nada de malo en ello. Y aunque no estoy tan mal, no es lo que quiero. Así que voy a tomar acción para cambiarlo”.

Ésa es la fase de la aceptación. Básicamente, se concreta en confiar en la sabiduría de la Vida, del Universo o de Dios (como cada uno prefiera llamarlo). Aceptar se basa en asumir que todo es perfecto tal y como es. Las cosas son como son por un motivo, aunque lo desconozcamos.

Eso sí, que todo sea perfecto tal y como es no significa que deba quedarse así. Quizás es perfecto que ahora sea así para que yo tenga la oportunidad de hacer algo al respecto, para que demuestre ser responsable y no víctima de las circunstancias.

De forma que Paco puede ahora decidir buscar apoyo con un nutricionista y quizás con un entrenador personal para mejorar tanto su alimentación como su actividad física. Y quizás le ayudaría también tener sesiones de coaching para descubrir qué creencias limi-tontas le han estado atando.

Es decir, si Paco deja de enfadarse con la vida y con él mismo por cómo está su cuerpo en estos momentos, puede empezar a tomar acciones comprometidas hacia el resultado que quiere lograr.

Ahora bien… todo esto es más fácil decirlo que llevarlo a cabo. Y es que nos cuesta aceptar la realidad en muchas ocasiones. Incluso a las personas que tienen esta idea más trabajada, de pronto la vida los pone frente a algo que no quieren aceptar bajo ningún concepto (como por ejemplo la muerte de un ser querido).

Así que, para no crear más frustración aún, propongo un ejercicio de nivel top, un oxímoron, como decía al inicio del artículo: acepta tu resignación; es decir, acepta el hecho de que habrá ocasiones en que te costará aceptar la realidad, te pelearás con ella, y finalmente te resignarás.

No tiene nada de malo aceptar que somos humanos y, por lo tanto, que no siempre podemos conseguir ver el lado bueno de las cosas, aceptar lo que nos sucede, o ser felices a pesar de estar viviendo una situación complicada.

Decirte que aceptes tu resignación es tanto como decirte que aceptes el hecho de que no siempre vas a aceptar lo que ocurre en tu vida. Y no pasa nada. Todos podemos tener un mal día o una mala época. Eso sí, te invito a que cuando estés ahí pidas apoyo para salir de la frustración y la resignación lo antes posible.

 

Feliz semana,

Por Manu Ramírez

Director General ESINEC

4 comentarios en “Acepta tu resignación”

  1. Gracias Manu por el articulo.
    “Dios apreta pero no ahoga”..cuántas veces se lo escuché a mi mami y debo decirte que me ha removido pues si biennes cierto que ella fue una luchadora me ha conectado con una sensación profunda y algo oculta de que también había resignación.
    Lo digo desde la observación sin juicio pero si me pregunto cómo pudo calar en mi es quedarse quieta y no lanzarse a una nueva vida.
    Todo está bien. Así lo siento pero si es para revisar como nuestros ancestros desde su realidad, su cariño y desde lo que buenamente hiceron, enviaron mensajes sutiles que se graban en nuestra psique esperando un día a ser revisados y por qué no….decirles bye bye 🖐

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  2. Buenos días Manu, muy buen comentario y reflexión.
    En mi época aceptar la resignación nos ayudó mucho a poder seguir luchando sin hacer ruido, pues no interesaba destacar.
    Un abrazo

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  3. Antes de empezar mi camino de auto conocimiento y crecimiento personal, pensaba que la resignación era algo positivo que era cómo aceptar sin pelear lo que la vida nos traía en cada momento.Mi abuela lo llamaba ser una persona de buen conformar.Ahora sé que resignarse es cómo rendirse y que la aceptación tiene mucho más que ver con fluir con la vida haciendo todo lo mejor que podemos e integrando eso que está pasando y que no es lo que nos gusta desde la emoción y el sentimiento así cómo la implicación corporal para dejarnos sentir ya que el cuerpo no miente y es muy sabio.Un gran maestro si lo sabemos escuchar.Gracias de nuevo.

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