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Halloween, coronavirus y la madre que los parió

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Este sábado 31 de octubre se celebra el día de Halloween, también conocido como Noche de Brujas o Noche de Víspera de Difuntos.

Es la noche del miedo, al menos en las películas americanas. Todo el mundo se disfraza de las formas más aterradoras posibles, casi siempre con manchas de sangre falsa en la cara y el cuerpo.

Pensando en esta celebración me viene a la memoria un viejo meme que decía: “de pequeño me daba miedo la oscuridad; ahora me da miedo la luz, el agua, el gas y el teléfono”.

Este año será especial, como no podía ser de otra manera. ¿Cuántas personas se disfrazarán de coronavirus? Ese pequeño cabrón es ahora mismo el mal común, el hombre del saco, nuestra peor pesadilla.

Pero ¿realmente lo es? No sé qué decir. A mí casi me dan más miedo los gobernantes de turno (de un color y de otro), creando un deleznable juego de acusaciones mutuas, de “y tú más”, de “a mí me tiene manía el profe”… como colegiales, como niñatos ocupados en mirarse su propio ombligo.

Estamos en medio de la peor crisis sanitaria, económica y social que hemos conocido los actuales habitantes del planeta. Ha habido otras crisis peores que ésta, pero ninguno nosotros las hemos vivido. Las habíamos estudiado en los libros de historia. Ésta la estamos viviendo.

La situación da miedo. Cierre masivo de empresas, tasas de paro nunca vistas, estados endeudados hasta las cejas, sistema sanitario prácticamente colapsado, sociedad dividida y polarizada por el mayor o menor caso a las medidas que se nos piden o exigen para “aplanar la curva”…

Y algunos haciendo el cafre. Ya sea mediante fiestas privadas, botellones en la calle, o algunos políticos dándose abrazos públicamente (aunque sea con la mascarilla puesta) y otros saliendo a fumar sin mantener ninguna distancia de seguridad. ¡Viva la hipocresía!

Ante esta situación, que constituye una especie de tormenta perfecta y que va a ir a peor, se me antoja más importante que nunca trabajar en uno mismo para aumentar la resiliencia, es decir, la capacidad de aguantar los golpes de la vida y sacar algo positivo de ellos.

Este pequeño cabrón, como suelo llamarlo (al coronavirus, me refiero; que no quiero malentendidos) lleva ya más de un millón de muertos a sus espaldas. Y lo que nos queda. Y ha hecho más daño que ningún otro evento a la economía mundial y a millones de economías familiares.

Planteada la situación, déjame que te explique algo que creo importante, algo que debemos tener todos claro:

Hay dos fuerzas que mueven el mundo. Las dos pueden llegar a tener una fuerza descomunal. Y de hecho ganan peso a medida que les vamos haciendo más o menos caso.

Las dos fuerzas son: el miedo y el amor.

Está claro que éste es el momento del miedo. No sólo porque llegue Halloween, sino porque todos los medios de comunicación del planeta llevan ocho meses de media insistiendo en atemorizar a la población. ¡El mundo se acaba!

Así que hoy no voy a luchar contra el miedo, sino a rendirme. A fin de cuentas, tiene la partida ganada porque el mayor miedo que todos tenemos, consciente o inconscientemente, es a morir y a que mueran nuestros seres queridos.

Y ¿sabes una cosa, querido lector o querida lectora? Vas a morir. Y yo también voy a morir. Todos vamos a morir. Es algo que todos sabemos, pero hacemos como si no lo supiéramos, viviendo de espaldas a la muerte.

Muchas personas ni siquiera se atreven a hablar de ello. Como mucho, te dicen aquello tan manido de: “si me pasara algo”. ¿Si te pasara algo como qué, como que te tocara la lotería? Ah, no! Que te refieres a si te mueres…

Todos sabemos que vamos a morir. Lo que no sabemos es cómo ni cuándo. Y por eso la energía del miedo es tan poderosa. Porque nos da miedo no saber. Porque nos da miedo sufrir.

Pero, insisto, yo sé que nos vamos a morir todos en un momento u otro. Así que lo acepto, abrazo esa idea y decido que, hasta que llegue ese momento, voy a VIVIR. No a sobrevivir, tratando de evitar lo inevitable, sino a VIVIR con mayúsculas.

Ojo, que no estoy diciendo que no te protejas frente al virus. Hay que ser imbécil para, con la que está cayendo, no tomar medidas de higiene y seguridad.

Te pondré un ejemplo: yo no vivo con miedo a que me roben, pero cierro la puerta de mi casa con llave cuando me voy… por si acaso. Es absurdo y estúpido no tomar medidas de precaución, cuando sabemos que el bicho anda por ahí y se dedica a joder al personal.

Pero, aunque sea con medidas de seguridad, decido VIVIR, decido confiar en la vida, decido que quiero ir por todo aquello que deseo. Tengo una visión de vida y una gran ilusión por cumplirla. Y cada día me levanto con ganas y pasión.

¿Será eso la resiliencia? Yo digo que sí, que la pandemia ha implicado que todos movamos el culo, que busquemos dónde está ahora nuestro queso (como se preguntaban los protagonistas del famoso libro de Spencer Johnson).

Y que finalmente nos ha dado la oportunidad de espabilar, de replantearnos lo que estábamos haciendo y las prioridades de nuestra vida.

Para aceptar esta afrenta se requiere de mucha seguridad personal, de un buen autoconcepto y, en muchos casos, de una buena formación que nos lleve a vivir una auténtica transformación de nuestro ser.

Y esto conecta el MIEDO del que hablaba antes con el AMOR que requerimos todos para convertir esta situación en algo positivo. Quizás sí hay una forma en que ser “positivos” no sea malo, que hasta el vocabulario nos ha cambiado este pequeño cabrón que ahora convive con nosotros (sigo hablando del virus).

AMOR es lo que requerimos para ver el lado bueno de las cosas, para ver que todos hacemos lo mejor que podemos frente a las circunstancias, para decidir qué es lo verdaderamente importante para cada uno de nosotros.

AMOR a todo y a todos, pero especialmente AMOR por uno mismo o una misma. Y es que tener un buen autoconcepto pasa, entre otras cosas, por quererte, por aceptarte tal como eres y por saber que tus fortalezas y tus debilidades te convierten en el ser único y precioso que eres.

Quiero desearte, querido lector o querida lectora, desde lo más profundo de mi corazón, que pases un Halloween de miedo, es decir, que lo pases muy bien.

Deseo que lo hagas junto a tus seres queridos (aunque sea de forma virtual) y que decidas que, puesto que un día u otro vas a morir, desde hoy hasta que llegue ese momento vas a disfrutar de la vida al máximo.

Y no digo que hagas lo que te dé la gana (sigue las indicaciones de las autoridades sanitarias, por favor), pero sí que disfrutes.

Un último consejo, si me lo permites: trabaja en tu autoconcepto. Tú eres lo más importante que tienes. Si no te cuidas, si no te valoras, si no te quieres, ¿quién lo hará?

Feliz semana,

 

Por Manu Ramírez

Director General ESINEC

4 comentarios en “Halloween, coronavirus y la madre que los parió”

  1. Hola Manu,
    Buenas tardes bonitas palabras.🤗❤️
    Yo por mi edad no he celebrando nunca el Halloween,…nosotros somos de las castañas y los paneles. Pero si celebración el AMOR y el AMAR.💕

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