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¿Por qué nos cuesta tanto cambiar?

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El propósito de este artículo es descifrar qué nos lleva a actuar de una forma u otra. Y es que muchas veces no tenemos ni idea de por qué hacemos lo que hacemos, aunque al final busquemos una justificación racional.

¿Por qué a veces decimos que queremos cambiar, pero seguimos como siempre?

La respuesta es algo compleja, pero empecemos por lo más básico: nuestros pensamientos generan nuestras acciones y éstas determinan nuestros resultados. Así que lo que obtenemos en la vida depende realmente de qué pensamos respecto a tres cosas: a nosotros mismos, a los demás y a la vida.

Cuando decimos que queremos cambiar, normalmente nos estamos refiriendo a las acciones. Queremos dejar de fumar, dejar de comer guarrerías, hacer deporte, ponernos a estudiar… Estamos en el HACER. Obviamente, en realidad queremos algo relacionado con TENER (salud, un cuerpo en forma…). Y lo relacionamos con lo que requerimos hacer para obtener eso que queremos.

Y eso no es malo ni erróneo. Pero es insuficiente. Porque lo que hacemos y lo que no hacemos viene derivado de lo que pensamos. Así que, si nos enfocamos en el escalón de las acciones, estamos dejando de lado lo más importante.

Si queremos tener un resultado diferente (por ejemplo, tener un buen físico), requerimos modificar lo que pensamos y cambiar lo que hacemos. Recuerda: lo que pensamos acerca de nosotros mismos, de los demás y de la vida.

Sigamos. El 85% de lo que pensamos es inconsciente. Así que no sólo debemos modificar lo que pensamos, sino que primero requerimos identificarlo. O bien hacer un cambio a nivel inconsciente.

Hasta aquí no hay demasiadas novedades. Pero vayamos un poco más profundo… ¿cómo y cuándo se crearon los pensamientos que ahora mismo nos gobiernan de forma inconsciente?

En realidad, para responder a estas preguntas de forma adecuada requerimos ir aún un paso atrás: saber que los pensamientos nos aparecen porque tenemos unas creencias instauradas en nuestra mente subconsciente.

Esas creencias se forjaron en el pasado (muchas de ellas cuando éramos unos críos) y fue normalmente porque sucedió algo de gran impacto emocional o algo que se repitió un gran número de veces.

Esas experiencias quedaron grabadas en nuestra mente subconsciente, ya sea porque generaban mucho dolor o mucho placer, y eso provocó que la mente consciente se desconectara.

Nuestra mente racional no falla nunca. Tiene una capacidad de razonamiento fabulosa… pero a veces los argumentos con los que juega no son los mejores, sino los que la mente subconsciente le envía, fruto de esas experiencias pasadas.

Por eso aunque razonemos algo y nos convenzamos de que lo queremos hacer, muchas veces al final no hacemos nada.

Recopilemos:

  1. En el pasado vivimos unas experiencias de alto impacto emocional o que se repitieron con mucha frecuencia.
  2. Como a nuestra mente racional no le gustan las emociones fuertes de placer ni de dolor, se desconectó cuando sucedían estos eventos y la información quedó grabada para siempre en nuestra mente subconsciente.
  3. Cada vez que nos planteamos un cambio en nuestro día a día, en las acciones que emprendemos, una creencia se activa de forma inconsciente y nos envía un pensamiento limitante.
  4.  Al no ser conscientes de lo que está sucediendo en nuestra mente, no nos damos cuenta de por qué actuamos o no lo hacemos.

Seguimos creyendo que nosotros mandamos, pero en realidad quien nos gobierna es nuestra mente subconsciente con información que grabó cuando éramos pequeños.

Esa información muchas veces está sesgada por la capacidad de comprensión de una mente mucho más primitiva que la consciente. Así que prácticamente podemos decir que “nos inventamos” esa información.

¿A qué se debe el sesgo de la mente subconsciente? Básicamente, a que pretende que sobrevivamos, no que vivamos bien. Pretende que nuestra existencia perdure en el tiempo; cuanto más, mejor.

Es decir: cuantos menos riesgos corramos, mucho mejor. Y así vamos por la vida, sobreviviendo, conformándonos y resignándonos con lo que hay en vez de ir por lo que realmente queremos conseguir.

Hasta aquí, todo comprendido. ¿Verdad? Ahora bien, ¿cómo podemos modificar nuestras creencias si no somos conscientes de que las tenemos? Te lo expondré como una pequeña lista de cosas a elegir o a complementar entre ellas…

 

A.- Descubriéndolas y contra-argumentando. A través de un proceso de coaching, podemos desenmascarar las creencias que hay detrás de nuestras acciones y desafiarlas. Siendo adultos y conscientes, podemos ganar la discusión.

 

B.- A través de impactos emocionales intensos que nos instauren nuevas creencias. Por eso en entrenamientos vivenciales como RedEx los participantes cambian en muchas ocasiones sus diálogos internos inconscientes.

 

C.- Mediante entrenamientos que trabajen a nivel inconsciente, tales como PNC, que aplica la Psicología Positiva, la Autosugestión y la Grafotransformación.

 

Seguiremos informando en próximos artículos.

 

Feliz semana,

Por Manu Ramírez

Director General ESINEC

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