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¿Quién Soy?

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Este fin de semana me he leído El poder de la rendición, de mi querida y admirada Mònica Fusté, coach de alto impacto.

En mi opinión, Mònica y su capacidad para transmitir, como el buen vino, mejoran con el paso del tiempo. Llevo siguiéndola desde su primer libro ¡Despierta! ¿Vives o sobrevives? Y me encanta como autora.

He visto esta obra amena, profunda, reflexiva, íntima y absolutamente transformadora. ¿Cuántas veces actuamos desde el ego cuando queremos desarrollarnos? ¿Cuántas veces nos ponemos objetivos no porque nuestra esencia nos lo pida, sino porque el ego se disfraza y nos engaña una y otra vez?

Me ha parecido especialmente interesante la definición de rendición que hace Mònica, pues es clave para entender todo el libro.

Muchas personas confunden rendición con resignación, cuando en realidad son totalmente opuestas. La resignación aparece cuando piensas que la realidad no debería ser como es, pero tiras la toalla porque no te ves capaz de hacer nada al respecto. La rendición llega cuando aceptas que la realidad es perfecta tal como es, con independencia de que te guste o no lo que sucede.

La rendición consiste en aceptar que todo es perfecto, que la Vida tiene una inteligencia infinita que nosotros no alcanzamos a comprender, que todo sucede porque así debe ser.

Pero para entender y aceptar la idea anterior es importante que distingamos entre el yo pequeñito y el Yo Soy. Sólo el segundo puede comprender lo que estoy tratando de explicar. Y digo “tratando” porque la Verdad no se puede poner en palabras. Sólo puedo aproximarme un poco a ella.

El yo pequeñito es el ego, es básicamente quien yo creo que soy. Y digo “creo” porque no es la Verdad sino una historia que me he contado en base a mi pasado, a mis estudios, a mi cultura, a las creencias que me han grabado en la mente…

El Yo Soy es mi verdadera naturaleza, que es ilimitada y precisamente por eso es indescriptible en palabras. Lo más parecido a la Verdad que se me ocurre decir es que yo soy una posibilidad, o más bien que yo soy todas las posibilidades.

Para que nos entendamos fácilmente te pondré un ejemplo: imagina que unos amigos íntimos acaban de tener un bebé. Te llaman para contarte la noticia y rápidamente vas al hospital a verlos. Te presentan a la criatura y la coges en tus brazos un momento (imagina que no hay pandemia y que todo esto es posible). Cuando lo estás sujetando, ¿piensas que tiene un futuro por delante limitado o piensas que podrá ser y hacer lo que quiera?

La segunda opción es la más habitual. Y fíjate como pensamos de esa forma con un bebé, pero no con un adulto. Es decir, nosotros nos autolimitamos en base a mil excusas (la edad, el género, la posición socioeconómica, el nivel de estudios…).

Imagina que fuera capaz de olvidar todas mis etiquetas y me preguntara: “¿Quién soy?”. Imagina que pudiera dejar mi mente en blanco por un momento, conectar con la Consciencia Universal (de la que formo parte) y permitiera que llegase una respuesta. Sin presiones del ego, sin prisas, sin expectativas.

Es casi seguro que tu mente ha empezado a imaginar posibles respuestas al leer el párrafo anterior. Pero todas ellas son producto de tu ego. Insisto: en realidad no hay una respuesta correcta, sino que Yo Soy. Así, sin más.

¿Verdad que parece que la frase esté sin terminar? Yo soy… ¿qué? Por eso escribo “Soy” con mayúscula. Es una forma de expresar que formo parte de la Divinidad, que Soy Dios, una posibilidad ilimitada, sólo que no soy consciente de ello.

La paradoja es que pretendemos entender una realidad ilimitada con una mente limitada. Pretendemos entender el bosque, cuando somos un árbol del mismo. Pretendemos conocer el océano, siendo nosotros una gota de éste.

Así que la pregunta sigue siendo válida: ¿quién soy? Y la única forma de acercarnos a la Respuesta, a la Verdad, es dejar la mente en blanco y dejar pasar todas las posibles respuestas que vayan viniendo a nuestra mente.

Fíjate que no digo que las rechaces ni las bloquees. Eso implicaría poner de nuevo al ego en el centro, haciendo el papel de luchador contra si mismo. Es lo que Borja Vilaseca llama “el ego del transformado”.

Cuando aceptas que no eres lo que pensabas que eras, sino que Yo Soy es la única Verdad, entonces ya estás preparado para el siguiente paso: aceptar que Todos Somos Uno y que formamos parte de la Consciencia Única.

Eres una parte indivisible del Todo. No hay separación entre tú y yo, entre tú y los animales, vegetales u objetos. Todos somos energía, que ni se crea ni se destruye, sino que sólo se transforma. Y esa energía lo abarca todo y a todos.

Es por eso que tampoco existe la muerte tal y como nos la han explicado. No es verdad que estamos vivos y, de pronto, nos morimos y todo se acaba. Simplemente pasamos a un plano de realidad diferente, por decirlo de alguna forma. Seguimos siendo lo mismo: energía que forma parte del Todo.

Y si no existe la vida y la muerte sino que Somos, entonces ¿podemos decir que nosotros vivimos nuestra vida? Quizás sería más acertado decir que la Vida vive a través de nosotros.

Y eso también desmonta la teoría del libre albedrío, pues en realidad nosotros somos vividos. Lo que hacemos, cuando estamos alineados con nosotros mismos (con la Consciencia Única o Divinidad), lo hacemos porque no tenemos más remedio, porque algo nos empuja a ello. Lo contrario es actuar desde el ego, desde nuestro yo pequeñito.

Así que, volviendo al inicio de este artículo, rendirse consiste en aceptar la realidad tal como es, incluso aunque se nos escape y no lleguemos a comprenderla (que es lo que sucede, de hecho).

Rendirse es aceptar que no sé quién soy, de dónde vengo ni a dónde voy. Aceptarlo sin más, con gozo, y entonces seguir indagando, mirando hacia dentro, tratando de averiguar mi identidad verdadera, sabiendo que no lo conseguiré.

Y cuando te rindes a la vida, dejas de intentar controlarla y empiezas a disfrutarla. Empiezas a ver un milagro en todo lo que ocurre, en el mismo hecho de estar vivo en este plano de existencia.

Y ahí, justo cuando te has rendido, cuando has dejado de luchar y simplemente aceptas, aparece la auténtica felicidad. Ésa que consiste en ponerte objetivos e ir por ellos sólo por diversión, como un juego de niños.

Dicho todo lo anterior, ¿te apetece salir a jugar? La Vida te está esperando. Está viviendo a través tuyo, esperando pacientemente a que despiertes de la gran mentira que nos han contado que es la vida y te pongas a jugar con ella.

 

Feliz semana,

Por Manu Ramírez

Director General ESINEC

5 comentarios en “¿Quién Soy?”

  1. Gracias es maravilloso saber de donde venimos y ser parte de ese universo que nos ofrece infinitas oportunidades, cuando empiezas y te rindes es dejar al universo actuar a tu favor somos parte del todo mil gracias por este artículo

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  2. Es una excelente enseñanza, mi vida la debo a dios y existo porque dios nos a creado y nos tiene en la tierra con el propósito que Dios quiere. Cumplir con el Objetivo de hacer buenas obras y seguir adelante hasta que dios quiera dependemos de la divinidad y nos proyectamos en ser útil para seguir. somos ejemplo de Dios, Me gusto ver nuevamente la realidad de quienes somos?

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  3. Quién Soy. Un Alma bella cómo me dijeron los registros Akáshicos y a partir de ahí me relajo y me entrego a la vida, y juego con ella desde mi yo adulto y desde mi niña interior y agradezco todo lo que se me entregue
    Confiando que todo es para mí mejor bien y agradeciendo hasta el más mínimo detalle, dejándome mecer por la vida y sin complicarla ni enfadarme,con mentalidad de aprender.

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