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Un año de luces y sombras

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¡Qué lejos parece quedar el 10 de marzo de 2020! ¿De verdad hace tan sólo un año de esa fecha? ¿Te has parado a pensar cuántas cosas han ocurrido en esta extraña vuelta al sol?

Lo podemos resumir en dos palabras: PANDEMIA GLOBAL. Algunos la llaman PLANDEMIA, pues ven intereses ocultos detrás de tantas restricciones a nuestras libertades.

No me posicionaré en estos momentos sobre ese tema, que cada uno juzgue lo que quiera.

Hemos vivido, al menos en España, tres olas del famoso coronavirus. Y estamos en estos momentos frente a la disyuntiva de relajar medidas para Semana Santa (con el peligro que eso conlleva de provocar una cuarta ola) o mantener las restricciones ahora para salvar el verano (pues la vacunación supuestamente estará mucho más extendida entre la población).

Estamos en este momento bajando al nivel de riesgo medio (incidencia acumulada en 14 días por debajo de 150 casos por 100.000 habitantes). Hemos mejorado en todos los índices, pero seguimos teniendo una cifra de muertos que me parece inaceptable (1.996 solo en la semana pasada).

Pero volvamos al inicio… esos días en los que el doctor Simón nos decía que este virus iba a afectar tan sólo a unas pocas personas en nuestro país, mientras que Italia ya estaba confinando a su población porque la pandemia se extendía rápidamente, y China llevaba tiempo con su ciudad Wuhan cerrada a cal y canto.

De ahí pasamos a un confinamiento total, de la noche a la mañana. Recuerdo que estaba en casa, comiendo con mi pareja y mi suegra, cuando vimos al presidente del gobierno declarar el estado de alarma por 15 días.

Todo el país quedó paralizado. Estábamos muertos de miedo por la presencia invisible de un pequeño cabrón que amenazaba nuestra salud y había puesto en jaque a nuestro país y, poco a poco, a todos los demás países del mundo.

Ese primer estado de alarma se fue prolongando hasta el 21 de junio, sumando 98 días de encierro. Cierto es que el 04 de mayo empezó la famosa desescalada en cuatro fases. Desescalada: palabra que adquirió un nuevo significado.

Recuerdo que en esa primera etapa de confinamiento estricto estaba prohibido salir a la calle salvo algunas excepciones (ir a trabajar, cuidado de personas dependientes, hacer la compra doméstica…). Un servidor cumplió a rajatabla estas medidas y no salió ni al rellano de casa en esos casi dos meses.

Nos iban explicando las medidas higiénicas que debíamos tomar, dando informaciones muchas veces contradictorias (como ejemplo, el doctor Simón llegó a decir que las mascarillas no eran necesarias para el grueso de la población, cuando ahora nos dicen que quizás han venido para quedarse para siempre).

No todo fue malo: la sociedad se volcó en la ayuda mutua. Los sanitarios y las fuerzas del orden se convirtieron en auténticos héroes (quizás siempre lo habían sido, pero no se lo habíamos reconocido).

Incluso salíamos a aplaudirles a las 20h, mientras cantábamos la última versión del Resistiré y de otras canciones que se crearon o versionaron a propósito de la pandemia. Muchos músicos, cantantes y otras personas del mundo de la cultura, que no podían trabajar y generar ingresos, dedicaron su tiempo a crear algo que nos diera esperanza a los demás.

Llegó el momento de la reconversión al mundo digital. Pocas personas habían oído hablar del teletrabajo, de las reuniones por ZOOM o de los ERTEs. Los gobiernos prometían miles de millones de euros en ayudas (que en muchos casos se retrasaban o nunca llegaban) y había que ponerse las pilas.

Unos más, otros menos, nos fuimos poniendo al día en cuanto al mundo digital. Clases, reuniones y hasta cafés por videoconferencia; trabajo desde casa como prioridad; consultas médicas telefónicas… parecía que de repente hubiéramos saltado a un mundo futuro.

Y, lo peor (al menos para mí), sin contacto social. No tocarnos, no besarnos, no abrazarnos… ni siquiera poder ver a nuestros mayores o a muchos de nuestros seres queridos, por miedo a que nos contagiásemos unos a otros.

Todos lavándonos las manos como si fuéramos a entrar a un quirófano, desinfectando los productos que comprábamos, las sillas y las mesas en las que nos habíamos sentado, utilizando las mascarillas y contando las personas a las que veíamos y el tiempo que pasábamos juntos… por si acaso.

Mientras tanto, otros haciendo fiestas ilegales, de botellón, de orgías, manifestándose en la calle sin mascarillas ni distancia de seguridad… Algunos de estos inconscientes incluso eran líderes políticos (en nuestro país y en otros, como Brasil, Reino Unido o Estados Unidos).

Lo más lamentable de todo fueron los enfermos críticos y los muertos. Sólo en España se estima que han fallecido directamente por covid más de 70.000 personas. En todo el mundo, más de dos millones y medio. Eso de forma directa. Habría que sumar los que han muerto porque no han podido ser atendidos de forma óptima, dado que los sistemas de salud estaban muchas veces colapsados.

Quedó claro que la inversión en investigación era insuficiente, a pesar de que conseguimos un hito histórico: vacunas contra el virus creadas desde cero y puestas en marcha en tan sólo nueve meses. Nunca habíamos logrado algo tan importante en tan poco tiempo.

Nos quisimos convencer de que la pandemia nos haría mejores, que nos enseñaría a vivir con más consciencia y valorando lo importante. Que quizás estábamos corriendo demasiado para no llegar a ninguna parte. O peor aún: quizás estábamos yendo rápidamente hacia el precipicio (como indicaba el lamentable estado del planeta, que mejoró cuando todos paramos a la vez).

Ahora, un año después, no seré yo quien haga balance de lo vivido. Como decía al inicio del artículo, que cada uno juzgue lo que quiera. Eso sí, creo que éste ha sido un aviso contundente que nos ha dado la Vida para que reflexionemos y aprendamos algo.

Quizás el próximo ya no sea contundente, sino definitivo. Dicen que quien avisa no es traidor, sino avisador. Y nos están avisando. Que lo queramos ver y tomemos las decisiones adecuadas o no, será cosa nuestra, cosa de toda la Humanidad y cosa de cada uno de nosotros.

 

Feliz semana,

Por Manu Ramírez

Director General ESINEC

1 comentario en “Un año de luces y sombras”

  1. Como dices tú no seré yo quién critique de quién es la culpa, o porque sucedió todo esto, yo tengo 72años y para mí es incomprensible lo que pasa el mundo, que hemos hecho?. Sólo se que hay que cambiar de manera de pensar, sentir, expresarnos, de valorar ( vida, naturaleza, mundo en general) . Y apreciar y querer nuestro entorno y a nosotros mismos, si no es así pues la verdad no sé

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