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No sin mi optimismo

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Muy al estilo de la película “No sin mi hija”, he querido ponerle este título al artículo de esta semana. Y es que yo no voy a ninguna parte sin mi optimismo.

A veces moderado, a veces desmedido… siempre he sido y seré un tío optimista. Incluso en ocasiones diría que soy patológicamente optimista.

Ni puedo ni quiero ser de otra manera (al menos, en este aspecto). Me encanta pensar que todo saldrá bien. Simplemente, soy más feliz así.

En realidad, creo que todo es perfecto tal como es. A veces mi ego se pone por medio y me nubla la vista, haciéndome creer que algo no es justo porque no se parece a lo que él considera que debería ser. Pero, cuando me paro a pensar, me pregunto quién sabe más: Dios o mi ego. Obviamente, siempre gana Dios.

Todo es perfecto y todo saldrá bien. Ésa podría ser la descripción más simple y al mismo tiempo más poderosa del optimismo. Aunque en realidad una definición más oficial sería: “la actitud o tendencia a ver y juzgar las cosas en su aspecto más positivo o más favorable”.

No es algo que hayamos inventado los coaches (a los que tanto se nos critica por nuestra mentalidad positiva), sino que el término fue elaborado por el filósofo alemán Leibniz y lo popularizó el también filósofo y escritor francés Voltaire allá por 1759 (doscientos años antes de que empezara a conocerse el coaching).

El optimismo nos invita a cambiarnos las gafas con las que interpretamos los hechos que vivimos. Y es que la realidad es neutra y somos nosotros quienes le damos una valoración subjetiva de “buena” o “mala” en función de si se parece mucho o poco a lo que nosotros (nuestro ego) querríamos que fuera.

Como dijera Ramón de Campoamor: “Y es que en el mundo traidor nada hay verdad ni mentira: todo es según el color del cristal con que se mira”.

Pero más aún: las gafas a través de las cuales vemos la realidad no son algo externo (eso es una metáfora), sino que están graduadas en función de nuestras propias creencias. Así pues, “no vemos las cosas como son, sino como somos”.

Por cierto, si buscas en Google verás que se le atribuye la frase anterior a Anais Nin, a Confucio, a Jiddu Krishnamurti, a El Talmud y a Immanuel Kant, entre otros. Así que no sé realmente quién dijo primero esa frase (ni me importa demasiado, dicho sea de paso). Sólo sé que es una forma de pensar que me empodera, pues básicamente dice que yo tengo el poder para ver las cosas de una forma u otra, por lo que el sufrimiento ante la vida es prescindible.

El mero planteamiento de que la realidad es neutra y somos nosotros quienes le damos una valoración subjetiva ya es una idea optimista. Sí, sé que esto requiere un poco más de explicación.

Si en el mundo hay cosas positivas y cosas negativas, entonces no hay nada que hacer. Cuando me toque vivir algo negativo, tendré que resignarme a ello (como comentaba en el artículo de la semana pasada, titulado Acepta tu resignación).

En cambio, si la valoración de las cosas depende de mí, puedo decidir que siempre voy a elegir ver el lado positivo, lo que puedo aprender, o lo que puedo obtener de la situación en cuestión. Así, estaré positivando algo que a priori podría haber visto como negativo.

Pondré un ejemplo: si me quedo sin ingresos puedo pensar que eso es claramente negativo. Es muy razonable pensar así, de hecho. Porque si no tengo ingresos habrá un montón de consecuencias negativas en mi vida, como no poder pagar mi casa, la comida o los servicios como el agua y la electricidad.

Pero, ¿podría verlo como una realidad neutra y aprovechar la situación para preguntarme qué quiere la Vida que aprenda? Si en vez de enfadarme o deprimirme, me pongo en acción, ¿puede que esa pérdida repentina de ingresos me suponga una oportunidad para moverme y buscar otras alternativas?

Lo anterior enlaza con una idea muy estudiada por algunos de los psicólogos más prestigiosos del mundo (como el doctor Martin Seligman, desarrollador y divulgador mundial del concepto de Psicología Positiva).

Dicha idea es que el optimismo va acompañado de la esperanza que poseemos en cada una de nuestras acciones para afrontar lo malo de la vida de forma positiva. Más allá del matiz sobre la expresión “lo malo” (que yo cambiaría por “lo que yo considero malo de forma subjetiva”), la clave está en la palabra “esperanza” asociada a “nuestras acciones”.

Y es que una persona optimista cree que a pesar de que existan problemas al final habrá una solución (por eso pone más empeño). Además, una persona optimista sabe que es responsable de lo que le sucede y que, si quiere que una situación cambie, depende de él o de ella, no del entorno.

Finalmente viene lo que para mí es más importante: el optimismo puede aprenderse. No lo digo solamente yo; el doctor Martin Seligman escribió y publicó un libro best-seller mundial llamado “Aprenda optimismo”.

También lo afirma la investigadora Carol Dweck, que ha publicado el libro “Mindset”, en el que afirma que el optimismo está al alcance de todos con sólo adoptar lo que ella define como la mentalidad de cambio.

Dicho todo lo anterior, ahora toca elegir: ¿gafas oscuras o gafas de colores? Es decir, ¿quieres ver las cosas tal como nos las presentan los informativos (¡el mundo se acaba!), o quieres ver el lado bonito de la vida?

Yo seguiré siendo un optimista empedernido. Me hace más feliz. Y prefiero ser feliz (incluso aunque quizás viva un poco engañado) que estar muy informado y ser un cenizo.

Algunos dicen que un pesimista es un optimista bien informado. Yo digo que ser optimista es mucho más inteligente. Todo es cuestión es opiniones, ¿no?

 

Feliz semana,

Por Manu Ramírez

Director General ESINEC

8 comentarios en “No sin mi optimismo”

  1. Muchas gracias Manu,
    Efectivamente, desde que adopté el optimismo como forma de vida las cosas sin mucho más fáciles. Los problemas ya no son problemas sino planes diferentes y retos, cada NO es una Nueva Oportunidad, cada nueva situación es una enseñanza, y siempre hay un motivo para sonreír y hacer sonreir al mundo.

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  2. Muy buen artículo.
    Yo también intento hacer eso, cuando tengo un pensamiento negativo, lo aparto, fuera…..
    A veces lo consigo, y alguna vez no.
    Pero desde hace un tiempo, lo llevo bastante bien, y estoy mucho mejor.

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  3. Es estupendo el tema del optimismo, de ver la vida siempre de forma positiva, también para mí es más bonita y es más fácil de vivirla, incluso en los momentos más difíciles. Gracias Manu

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  4. Elegir las gafas en todo momento es lo que me hizo salir adelante en muchas muchas ocasiones. Me ha encantado el artículo de esta semana😍. Gracias

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  5. Felicitats Manu!!!. Un molt bon e interessant article, encara que estic a P3 em vull encomanar d’aquest Optimisme, pk formi part al 100% del meu dia .a dia. Estic en bon camí i en bones mans Manu. Gràcies per tot.

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  6. Me encanta esa forma de ver la vida.Todo se hace menos cuesta arriba y los problemas se convierten en retos, para nuestro aprendizaje y crecimiento personal.Muy bien explicado clarito y ameno.si es que por algo te elegí.Un abrazo.

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  7. Que oportuno esté encuentro en este momento en que mi país vive un momento de confrontación,tu artículo me reconfortó y me hizo empoderarme de nuevo con el optimismo y con nuestro poder de crear la realidad que queremos.mil veces gracias.un abrazo desde Colombia.

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